Guía de mantenimiento preventivo para tu máquina

Una máquina no se detiene de golpe. Antes avisa. Un ruido que no estaba ahí, una pequeña fuga, una holgura que va creciendo con las horas. El problema llega cuando nadie lo ve a tiempo y la avería aparece en mitad de la jornada, con la obra parada, plazos comprometidos y gastos que se disparan.

Esta guía nace del trabajo diario en campo, taller y obra. No entra en teoría ni en manuales interminables. Habla de rutinas simples y comprobaciones concretas que ayudan a mantener las máquinas disponibles, seguras y listas para cumplir jornada tras jornada. Está pensada para responsables de flota, jefes de obra y técnicos que necesitan fiabilidad real, no sorpresas.

Inspección visual y seguridad

El mantenimiento preventivo empieza antes de girar la llave. Una vuelta completa a la máquina ahorra muchos problemas.

Revisa fugas visibles en el suelo y en el conjunto de la máquina. Aceite, hidráulico o refrigerante dejan rastro. Observa grietas, golpes recientes y tornillería suelta en chasis, contrapeso y estructuras. Un tornillo que se afloja hoy suele traer una rotura mañana.

Comprueba todos los elementos de seguridad: protecciones, barandillas, cinturón, claxon, luces de trabajo, intermitentes y alarmas. Verifica el acceso a cabina, el estado de escalones y pasamanos, y la señalización. Una caída o un fallo de aviso también es una parada.

Fluidos y lubricación

Los fluidos son el sistema circulatorio de la máquina. Su estado dice mucho más de lo que parece.

Controla niveles y aspecto del aceite motor, aceite hidráulico y refrigerante. Un color extraño, espuma o restos metálicos son señales claras. Revisa tapones, filtros y respiraderos. Un respiradero obstruido genera presión donde no debe.

Engrasa bulones, ejes y articulaciones según horas reales de trabajo. No por calendario. Anota consumos fuera de lo normal y vigila la presencia de agua o limaduras en los puntos de control. Ese dato repetido varias veces da pistas antes de una avería seria.

Ruedas, tren de rodaje y frenos

El contacto con el terreno soporta la carga del trabajo diario. Aquí no conviene mirar de pasada.

En máquinas con neumáticos, mide presión en frío, revisa cortes y desgaste irregular, y aprieta tuercas siempre con el par correcto. Un neumático bajo o una llanta floja castigan transmisión y ejes.

En máquinas de orugas, revisa tensión, rodillos, rueda guía y estado de zapatas. Una oruga demasiado tensa o floja acelera el desgaste y puede salirse en el peor momento.

Comprueba freno de servicio y freno de estacionamiento, dirección, rótulas y articulación central. Una dirección con juego no avisa dos veces.

Sistema hidráulico y elementos de trabajo

El hidráulico mueve la máquina. Cuando falla, todo se para.

Inspecciona mangueras, racores y protecciones contra roce. Busca marcas de rozadura, abultamientos o sudoraciones. Revisa cilindros y varillas; una fuga pequeña suele crecer rápido con presión y horas.

Comprueba holguras en bulones y casquillos. Un pequeño juego termina dañando orejetas y brazos. Revisa los implementos: cazo, horquillas, tijera, pluma o accesorios. Observa puntos de anclaje, pasadores y sistemas de seguridad. Un implemento mal fijado es un riesgo directo.

Motor y transmisión

En máquinas diésel, el motor también habla si se le escucha.

Revisa correas, poleas y tensores. Un chirrido o vibración fuera de lo normal merece atención. Controla admisión, filtros y prefiltro según lo indicado por el fabricante. Un filtro saturado afecta al rendimiento y al consumo.

Comprueba el sistema de combustible, drenajes y posibles fugas. Vigila la temperatura de trabajo, el estado del radiador, el ventilador y los niveles de transmisión. Una temperatura alta repetida no es casualidad.

Sistema eléctrico, batería y diagnósticos

El sistema eléctrico suele pasar desapercibido hasta que falla.

Comprueba el estado de la batería: carga, temperatura y fijación. Revisa conectores, cables y puntos de masa. Limpia contactos sulfatados y verifica fusibles. Un mal contacto provoca fallos intermitentes difíciles de localizar.

Lee códigos de aviso y regístralos. Aunque la máquina siga trabajando, esos avisos dejan rastro. Si la flota dispone de telemetría, usa los datos para planificar revisiones y paradas técnicas con criterio.

Aplicar estas revisiones de forma sistemática reduce paradas imprevistas, alarga la vida útil de la máquina y ayuda a mantener el control sobre los gastos de operación. No se trata de revisar todo cada día, sino de seguir una rutina clara y dejar constancia de lo que se observa.

Rutina, registro y criterio técnico

Cuando aparecen dudas, incidencias repetidas o ajustes que no terminan de cuadrar, el apoyo técnico marca la diferencia entre apagar fuegos o trabajar con continuidad.

En Lejarza Maquinaria acompañamos a nuestros clientes en ese proceso. Aportamos criterio, experiencia y servicio técnico para que cada máquina esté donde debe estar: trabajando.

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